Ermita de Nuestra Señora de las Fuentes

Afortunadamente, para conocer el pasado del edificio y la presencia de la institución en el lugar, se conserva la descripción que hizo en las primeras décadas del siglo XVIII fray Jacobo de Castro, predicador general, definidor y cronista de la provincia franciscana.

Hay que buscar su origen en una leyenda medieval en la que la Virgen se apareció a una pastorcilla y le indicó el sitio en el que se encontraba enterrada una imagen suya.

Esto era algo habitual en muchos puntos de los reinos peninsulares en estos momentos, en los que aparecían muchas imágenes procedentes de edificaciones abandonadas al ser sustituidas por otras nuevas, al renovar solo las imágenes o simplemente al despoblarse algunas poblaciones.

Ante este hecho, los vecinos decidieron buscar el referido lugar y dieron con una bóveda subterránea que contenía un altar con la imagen de una virgen.

Este fue el origen de la relevancia del lugar y a partir del momento del hallazgo, la esposa de Alfonso Enríquez, Juana de Mendoza, establecida en el lugar, mandó levantar una capilla.

Obra destacada

Cabecera

Monumento

Ermita

Estilo

Clasicista
Catalogada

Propiedad

Arzobispado de Valladolid

Datación

XVI – XVII

Afortunadamente, para conocer el pasado del edificio y la presencia de la institución en el lugar, se conserva la descripción que hizo en las primeras décadas del siglo XVIII fray Jacobo de Castro, predicador general, definidor y cronista de la provincia franciscana.

Hay que buscar su origen en una leyenda medieval en la que la Virgen se apareció a una pastorcilla y le indicó el sitio en el que se encontraba enterrada una imagen suya.

Esto era algo habitual en muchos puntos de los reinos peninsulares en estos momentos, en los que aparecían muchas imágenes procedentes de edificaciones abandonadas al ser sustituidas por otras nuevas, al renovar solo las imágenes o simplemente al despoblarse algunas poblaciones.

Ante este hecho, los vecinos decidieron buscar el referido lugar y dieron con una bóveda subterránea que contenía un altar con la imagen de una virgen.

Este fue el origen de la relevancia del lugar y a partir del momento del hallazgo, la esposa de Alfonso Enríquez, Juana de Mendoza, establecida en el lugar, mandó levantar una capilla.

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Fadrique I, su hijo, decidió donar el emplazamiento a los jerónimos del monasterio de Nuestra Señora de la Piedad de Valdebusto de Valoria del Alcor.

Esta comunidad religiosa no acaba de encontrarse a gusto con el emplazamiento o con lo que el almirante ofrecía para su mantenimiento y lo abandonan en 1521 aludiendo falta de salubridad y exceso de humedad. Ante esta circunstancia Fadrique II lo cede a la Orden Tercera de los franciscanos que abandona el sitio por su insalubridad, poco tiempo después, por la capilla de Santiago, situada extramuros de Aguilar. Bajo la advocación de San Lázaro – Santiago bien pudiera especularse con que se trataba de un hospital de peregrinos.

En 1570 pasa a formar parte de la Observancia franciscana por bula papal de Pío V y vuelven los monjes al emplazamiento original, el actual, una arboleda con una fuente localizada en la que intentan aprovechar los restos de construcciones abandonadas durante el traslado a Santiago.

Aún quedan restos de estas construcciones levantadas en tapial en dicha arboleda, así como parte de la cerca, realizada en el mismo material.

Se decide construir nuevas dependencias, entre ellas la iglesia, levantada entre las últimas décadas del XVI y primeras del XVII. Al sur de la misma se localizaba, si seguimos la descripción de Madoz, un patio y tres claustros que articulaban todas las dependencias, entre las que se localizaban 17 celdas.

Las desamortizaciones y decretos de exclaustración terminaron de certificar su abandono, hasta que en 1846 es comprado por un vecino de Aguilar llegando la ruina de las dependencias, quedando solamente la iglesia, que pasa a ser la ermita de Nuestra Señora de las Fuentes

IGLESIA

Interior

Levantada, como se ha dicho, en el tránsito del XVI al XVII, se trata de un edificio de una sola nave con cabecera recta más elevada que la nave. Estructurada en 4 tramos con contrafuertes, se cierra con un camarín de dos alturas tras la cabecera y un coro bajo a los pies. A dicho coro se accede por un husillo de madera situado en el último tramo del lado del Evangelio.

La nave se cubre con bóveda de cañón con lunetos, la cabecera con cúpula baída y simple de cascarón el camarín. Todo el conjunto de cubiertas se adorna con yeserías de finales del XVII.

Exterior

Su aspecto general es de gran austeridad, típico en las construcciones de la orden franciscana, pero su clasicismo y armonía de líneas, se ven animados por los claroscuros provocados por los contrafuertes laterales, que ayudan a mantener las cajas de tapial enmarcadas por verdugadas de ladrillo.

Su fachada, enmarcada por dos voluminosos pilares equinados, muestra tres alturas. En la baja, única realizada con piedra, se abre una portada adintelada rectangular con una pequeña hornacina encima como única decoración. Una simple moldura inicia el segundo piso, que corresponde al coro alto, al que se abre un ventanal. Como remate, una nueva moldura en alero que soporta un frontón con un óculo y dos pequeñas espadañas esquinadas, con campanas que regulaban las horas de la vida conventual.

Adosados al lateral sur, hacia los campos de labor agrícola actuales, se observan diferentes testigos de muros de las antiguas dependencias del convento y huecos cegados de puertas y ventanas que conectarían con dichas dependencias. Al interior aún se puede ver una curiosa celosía en el primer tramo de la nave de la Epístola con forma estrellada, que serviría para asistir a los oficios de una manera más privada.

Catálogo

Capilla Mayor

La pieza que más destaca es su retablo mayor del siglo XVIII, atribuido a Juan Manuel de Becerril. Su primera visión, sin dorar, pero pulido, le da un aspecto realmente austero a la vez que espectacular, propio de la orden.

Estructurado en 3 cuerpos con 5 calles, con remate semicircular, gracias a una serie de columnas, las del primer piso acanaladas, que soportan entablamentos rotos y apoyan en banzos abultados, decorados con rocallas doradas, que dan una gran elegancia al conjunto.

En el bajo se abren dos accesos laterales al camarín y entre ellos el banco recoge un tabernáculo central con columnillas acogiendo un Niño Jesús y a los lados dos tondos con relieves de la Anunciación y la Presentación en el Templo de la Virgen.

El segundo piso muestra un espacio central destinado a la Virgen de Fuentes y dos hornacinas aveneradas a cada lado con las imágenes de San Cayetano, San José a la izquierda y San Jerónimo y San Miguel a la derecha.

El último piso tiene un relieve de bulto redondo del abrazo entre Santo Domingo y San Francisco flanqueado por 2 tondos más con relieves de San Francisco orando ante la Cruz y su descenso a los infiernos para salvar las almas de los condenados y a los laterales las enseñas de la orden junto a ángeles protectores.

Epístola

Se localiza el retablo tipo tabernáculo de San Antonio del segundo tercio del XVIII, atribuido a Francisco de Sierra y de la misma época, el retablo de la Ánimas del Purgatorio, preparado para albergar un crucificado. Sobre la hornacina se sitúan las imágenes de las almas y símbolos del Calvario.

Evangelio

Junto al retablo mayor se sitúa el Cristo de Tobas, obra de la segunda mitad del XVI.

A continuación, retablo de San Francisco del XVIII, con las enseñas de la orden en el ático y la imagen del santo fundador en la hornacina central, atribuida a la familia Sierra y un San Agustín del XVI

Un retablo del XVIII con una pomposa hornacina central, con una imagen de santa Rosa de Lima, que alberga las imágenes de San Cristóbal y San Blas, del siglo XVI y un Sagrario del XVII con la imagen pintada de Cristo Resucitado.

A la pared se adosa un púlpito de 1761.

Camarín

Retablo del XVIII con versos de la letanía.

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