Iglesia de San Andrés

Como ocurre con la mayoría de las iglesias que se localizaban en la población, se la citaba en el Becerro de las Presentaciones en el siglo XIII.

Nos encontramos ante una obra que es una apuesta personal del propio Alfonso Enríquez y su esposa Juana de Mendoza. El diseño de las trazas y las obras de la actual iglesia debieron iniciarse en el paso entre el siglo XIV y el XV y su finalización hacia 1431.

En el edificio es constante la presencia de los emblemas de las familias de los mecenas en las armaduras de las cubiertas, los capiteles y claves de las cubiertas de la cabecera y las capillas e incluso en los capiteles de los pilares que soportaban el pórtico que se situaba en el frontal del templo y recorría parte de sus naves laterales y que hoy se muestran apoyados en los muros exteriores.

La familia de los almirantes protegió y dotó el progreso de la parroquia a lo largo del tiempo, ocupándose de obras de reforma o ampliación, como ocurre en los restos de la tribuna del coro alto, situados a los pies de la nave del Evangelio.

Obra destacada

Cabecera

Monumento

Iglesia

Estilo

Mudéjar
Bien de Interés Cultural (BIC 02/04/2009)

Propiedad

Arzobispado de Valladolid

Datación

1431

Como ocurre con la mayoría de las iglesias que se localizaban en la población, se la citaba en el Becerro de las Presentaciones en el siglo XIII.

Nos encontramos ante una obra que es una apuesta personal del propio Alfonso Enríquez y su esposa Juana de Mendoza. El diseño de las trazas y las obras de la actual iglesia debieron iniciarse en el paso entre el siglo XIV y el XV y su finalización hacia 1431.

En el edificio es constante la presencia de los emblemas de las familias de los mecenas en las armaduras de las cubiertas, los capiteles y claves de las cubiertas de la cabecera y las capillas e incluso en los capiteles de los pilares que soportaban el pórtico que se situaba en el frontal del templo y recorría parte de sus naves laterales y que hoy se muestran apoyados en los muros exteriores.

La familia de los almirantes protegió y dotó el progreso de la parroquia a lo largo del tiempo, ocupándose de obras de reforma o ampliación, como ocurre en los restos de la tribuna del coro alto, situados a los pies de la nave del Evangelio.

CLIC PARA LEER MÁS

INTERIOR

El edificio es una magnífica construcción en ladrillo y mampostería dispuestas en el llamado aparejo toledano, con verdugadas y cadenas de piedra y ladrillo e incluso tapial, en el que se aúnan el extendido estilo mudéjar terracampino de sus naves, con el puro gótico de principios del XV.

Podemos plantearnos incluso la intervención de dos talleres diferentes en las dos estructuras. De hecho, se tienen citas de alarifes musulmanes en el entorno de los mecenas, venidos del sur de la península.

Cabecera

Es de gran mérito el levantamiento de una cabecera gótica en ladrillo, pero sin perder la esencia de las grandes construcciones en piedra. Con una altura más baja que las naves, de las que se separa por el cuerpo del primer tramo de las naves, a modo de espacio presbiteral, cubierto con bóvedas de crucería simples, con la enseña de los Mendoza en la clave y las nervaduras descansando en ménsulas poligonales de piedra que representan figuraciones humanas y vegetales.

La parte del ábside dibuja una planta poligonal de cinco paños con dos alturas. Bajo la cubierta los espacios se cierran con huecos apuntados ciegos en los que se abren tres ventanas de grandes dimensiones con marcos de piedra a base de finas molduras abocinadas en sucesión con baquetones. Dos de ellas conservan aún los maineles que dividían el hueco en dos partes.

Al interior, se cubre con bóveda de ladrillo cuyos nervios confluyen en una clave con el escudo Enríquez. Estas nervaduras descansan en pilares ochavados con capiteles heráldicos, de nuevo (Enríquez, Mendoza y Ayala) y se corresponden al exterior con unos recios contrafuertes de dirección esquinada, aportando una visión realmente elegante y estilizada al conjunto.

Naves

El cuerpo del templo se estructura en tres naves, más altas que la cabecera, en disposición basilical, sin embargo, la central, más alta, no abre huecos al exterior en busca de luz, sino que sigue modelos cordobeses y toledanos, quizá por influencia de los talleres citados que se encontraban al servicio de los mecenas.

Los arcos solo se abren al interior disponiendo una segunda planta que actúa como soporte de la cubierta, aligerando el muro, pero provocando un ambiente que centra la luminosidad en la cabecera.

Todo el conjunto se estructura por pilares cruciformes en cuatro tramos, sobre los que apoyan amplios arcos formeros apuntados. Las laterales se cubren con armadura a una sola agua y a ellas se abre una capilla a cada lado. La central muestra un artesonado, típico de la zona, de par y nudillo con tirantes dobles sobre canes lobulados.

En los faldones y tabicas de esta armadura se identifican, de nuevo, las enseñas heráldicas de los Enríquez, junto a las de las familias Mendoza y Ayala, las de ssus consortes, fechadas en las primeras décadas del XV

Coro

Solo quedan restos del original con tribuna de madera en el lado del Evangelio. Se situaba sobre un espacio prolongado encima de la puerta de acceso abierta en los pies de la nave central, enmarcada por un arco túmido adornado con alfiz.

La balaustrada de la tribuna estaba soportada por canes de proa decorada con llamativos y coloristas motivos vegetales junto a los que se identifican las omnipresentes enseñas de la familia Enríquez, en este caso en pareja con la de los Quiñones, pertenecientes a la segunda esposa de Fadrique I, fechadas en torno a la década de 1470.

Capillas

En el segundo tramo de las naves laterales se abren dos capillas, una en cada lado. Se accede a través de un arco de herradura apuntado cerrado por una balaustrada de madera, la del Evangelio conserva un escudo de la familia Monroy.

Su planta es cuadrada y están cubiertas por crucería simple cuyas nervaduras se apoyan en ménsulas decoradas con personajes y el escudo de los almirantes en la clave del cruce.

Sacristía

Espacio rectangular de finales del XVI, que se abre en el lado de la Epístola de la cabecera. Se ilumina con tres huecos abiertos en los muros de sillería. De su cubierta original solo conserva un arco fajón decorado con yesería geométrica muy simple.

EXTERIOR

La situación aludida del templo en la población es realmente espectacular. Más aún debía ser en las últimas décadas del XIX, cuando Parcerisa y Quadrado realizaron una visita y un grabado para su obra Recuerdos y Bellezas de España (1861).

En esta vista podemos ver como un pórtico abierto con arcos apuntados recorría la parte de los pies y las laterales hasta el muro exterior de las capillas laterales. Los huecos se apoyaban sobre pétreos pilares ochavados con capiteles heráldicos de nuevo y motivos geométricos, como los 3 que se conservan en el exterior de la iglesia.

Una vez desmantelado, su material de relleno fue repartido y vendido como material de derribo y todavía se identifican parte de sus pilares, capiteles y canecillos en panteones de las poblaciones cercanas y en algunos edificios de Villalón de Campos o en la Castilleja (Castrobol).

El acceso al templo, bajo una gran espadaña de piedra y otra más sencilla de ladrillo que apoya en la otra directamente, se realiza a través de un arco túmido con tres arquivoltas apoyadas en ménsulas de piedra, que integran un cuerpo trilobulado. Todo el conjunto se integra en un alfiz que termina en tres cuartos de altura en una ménsula volada a la altura de las otras. El efecto visual se completa con la imitación de dovelas del arco y el alfiz.

A los lados de las laterales, a la altura del primer tramo se abrían dos portadas, hoy cegadas, con una disposición similar entre ellas y algo más sencilla que la principal. En sus albanegas se observan los huecos en los que se situarían los escudos de la familia Enríquez que algunos autores llegaron a ver in situ y otros han identificado en casas particulares del pueblo.

Todos los cuerpos del edificio se encuentran rematados por aleros dobles apeados en canecillos decorados con motivos figurados, lisos y heráldicos.

CATÁLOGO

Las últimas intervenciones en el edificio han provocado una serie de transformaciones en el patrimonio mueble de la iglesia. En la actualidad diferentes restos fragmentados se reparten por todo el edificio esperando una restauración adecuada y compleja.

Por otro lado, se conservan consolidados a falta de una intervención más completa una serie de retablos y una mesa de altar barroca, ésta localizada en la capilla del lado de la Epístola.

En la capilla opuesta, del Evangelio, se encuentra un retablo del siglo XVIII con todos alusivos a los símbolos del Calvario. En su cuerpo se depositó el Cristo gótico que preside, en la actualidad, el ábside de Santa María.

Apoyados en los testeros de las dos naves laterales otros dos retablos barrocos de corte clásico, cuya escultura fragmentaria y descontextualizada se encuentra hoy expuesta en el coro de la parroquial.

En la parte del ábside, un conjunto financiado por el arzobispo de Burgos, hijo de Aguilar, don Manuel Cid Monroy. Se compone del retablo mayor, de principios del XIX y estética neoclásica que presenta un solo cuerpo con la imagen central del patrono del templo, San Andrés, bajo un entablamento en el que apoya la imagen de Dios Padre rodeado por aureola de rayos.

A los lados se dos retablos de menor tamaño con similares características estéticas, que han perdido las pinturas que centraban su decoración.

En el tramo recto que dibuja el primer tramo de la nave central, a modo de presbiterio, se localizan en el lado del Evangelio los restos de un clásico San Cristóbal pintado en el muro. En la baja edad media era norma rezar a dicha imagen para buscar la protección de la peste.

El catálogo termina de definirse con tres sepulturas de diferentes épocas situadas en el suelo, al pie de la cabecera y dos pilas bautismales, una lisa de forma de copa y datación moderna y otra de diseño gótico adornada con la iconografía del aspa, propia de la hagiografía de San Andrés.

GALERÍA