Mota del Marqués

Localizada en el extremo suroeste de la gran paramera de la meseta norte, junto al límite de los Montes Torozos, muestra una curiosa disposición en la ladera del terreno. Sus restos arquitectónicos dibujan una línea geográfica, histórica, como si se tratara de una columna vertebral histórica.

En lo más alto se sitúa el emplazamiento defensivo de la fortaleza, unido con la población por un camino de piedra de fuerte pendiente, con los restos de la iglesia de El Salvador como testimonio de un antiguo establecimiento de la población, hasta llegar a su actual localización, asentada en tiempos más estables desde el punto de vista histórico.

HISTORIA

Lo que vemos en la actualidad corresponde a una expansión a partir de la Edad Media, en la que se fueron absorbiendo antiguas poblaciones menores, que llegó a aposentar un asentamiento importante gracias a personajes de cierta importancia histórica, tal y como indica el nombre del pueblo.

Mundo Antiguo

Los restos más antiguos, que sitúan el poblamiento de la actual población de Mota, se han encontrado en la llamada Granja de San Ignacio, de la Compañía de Jesús. Se trata de objetos de la Edad del Bronce.

En ese mismo lugar se encontraron restos habitacionales de cabañas circulares y otras construcciones que se han datado en el entorno Soto II, a partir del siglo IX aC. La Carta Arqueológica los ubica, entonces, en un castro que se relacionaría con otro similar localizado en el Teso de San Miguel. En la misma granja se han localizado restos de tégulas y ocupación romana, así como restos de sepulcros de indeterminada localización al encontrarse deslocalizados de su origen.

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Edad Media

Su entrada documental en la historia se debe a su cita como Santibáñez de Mota, es decir, una toponimia habitual en el latín de las últimas épocas de la repoblación derivada de Sancti Ihoannes, que adopta su evolución en el siglo XII a San Juan.

Podríamos pensar, tal vez, por la disposición en la falda del cerro, que el origen de la población se ubicaría en la parte más alta. Los restos adosados a la nave de la Epístola en el esquinazo del muro norte y los pies de la actual iglesia de El Salvador, pudieran pertenecer a una construcción de origen alto medieval, en la que encajaría la dedicación a San Juan, quizá a la que aludía el nombre de Santibáñez.

Es a partir del siglo XIII cuando la villa entra en la documentación histórica, por la que sabemos que en el año 1222 fue cedida por Beatriz de Suabia, esposa de Fernando III, rey que conocía muy bien la zona al haberse criado cerca de ella, a la Encomienda de la Orden de los Caballeros Teutónicos de Prusia.

A principios del siglo XIV la población pasó de nuevo a manos de la corona, en unos momentos muy convulsos en el reinado de Castilla. Fue el rey Alfonso XI el que, como propietario de la misma se la cedió al linaje de la familia Benavides, más en concreto a Juan Alonso de Benavides.

Esta estirpe estuvo siempre apegada a la corona, cuyo centro de acción se establecía en las cercanas tierras de la actual provincia de Zamora, desde la que mantenía un importante dominio de la producción bovina y un estatus jurídico muy avanzado para la época.

Los sucesores de la familia vendieron en el siglo XV su propiedad a uno de los personajes más influyentes del reinado de la Reina Católica, don Rodrigo de Ulloa, en aquel momento Contador Mayor del reino y alcalde de Toro. Esto hizo cambiar el nombre de la villa por el de Mota de Toro y recibió en 1480 la merced de un Mercado Franco, cuyos impuestos y beneficios debían servir para impulsar directamente a la población.

Felipe II concedió el título y merced de marqués a uno de sus descendientes, llamado también Rodrigo, hijo de Juan de Ulloa, III señor de Mota, lo que hizo cambiar de nuevo el nombre a la villa por el de Mota del Marqués.

La hermana del primer marqués, doña Magdalena de Ulloa, nació en Mota. Su matrimonio con Luis Méndez de Quijada, mayordomo de Carlos V señor de Villagarcía de Campos, provocó que se afincara en esta población cercana.

Gracias a las relaciones de ambas familias con la corte de Carlos V, establecería contacto con Bárbara Bloomberg, retirada por temporadas en el convento de Santa María de la Dueñas, de la orden de las dominicas, de San Cebrián de Mazote. Magdalena, entonces, se acabó convirtiendo en la madre adoptiva del hijo bastardo del emperador, Juan de Austria y llegó a ser patrona de la Colegiata de la Orden de los Jesuitas que se fundó en Villagarcía. Su gran corazón para las obras de beneficencia, hizo que se la conociera como la “Limosnera de Dios”.

A partir del siglo XVII, el marquesado pasó a la Casa de Alba por el matrimonio de Catalina Ventura Colón de Portugal y Ayala de Toledo, su heredera, con Jacobo Francisco Fitz-James Stuart.

PATRIMONIO

La evolución histórica, el paso de grandes personajes y el gran desarrollo de la villa en diferentes épocas, han hecho que mantenga un rico patrimonio, en el que se ven, incluso, las fases de su ubicación a lo largo del tiempo.

Queda patente su primera localización en las faldas de la mota, en la que se ubicaba su castillo y muy probablemente su primera iglesia, la de San Juan, cuyos restos se incorporaron al templo de El Salvador, en situación de ruina consolidada en la actualidad.

La población se encontraba amurallada en la Edad Media, lo que se observa en parte del trazado urbano actual y mantenía diferentes cementerios junto a las iglesias e incluso entre medias. En algunas casas de Mota se conservan fachadas antiguas con arcos de acceso y blasones.

El desplazamiento hacia la zona baja, más llana, permitió la construcción de un gran templo y un magnífico palacio, así como la construcción de varias ermitas, de las que hoy conservamos dos, así como diferentes infraestructuras antiguas como el molino junto al palacio.

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