Iglesia de San Pedro

Por la documentación histórica conservada y la observación parte de sus restos, nos encontramos con una edificación de origen románico que ha sufrido importantes transformaciones a lo largo del tiempo.De época románica se conserva su portada norte, con características estéticas propias de finales del XII. Se trata de un cuerpo adelantado con pequeña cornisa sobre canes de decoración geométrica de líneas simples salvo uno que inscribe un aspa y otro es de lóbulos, muy al estilo de los modillones de rollos altomedievales.

Precedido de un amplio atrio sobreelevado respecto a la línea de la calle, el arco de entrada tiene tres arquivoltas lisas, apoyando las dos extremas, de medio bocel, en rechonchas columnas que descansan sobre un gran zócalo. Las del lado derecho conservan capiteles con decoración a base de palmetas planas con pomas.

Las del lado contrario han perdido casi totalmente esta misma decoración, que por otro lado es la que se repite en el citado arco que ahora se encuentra en el edificio conocido como el Palacio y que a buen seguro tuvo que ser una portada localizada en el muro meridional de este mismo edificio.

Todo el resto del templo, tras continuas reparaciones y ruinas, corresponde a una obra del XVIII que ante los graves problemas estructurales que presentaba el edificio original fue reconstruida entre 1747 y 1751 por el maestro de Cuenca de Campos Alfonso Pardo Luis. En esta obra se debió respetar la Capilla Mayor original, ya que en 1776 se levantan los muros de la actual.

Obra destacada

Capilla Mayor

Monumento

Iglesia

Estilo

Románico – Barroco
Catalogada

Propiedad

Arzobispado de Valladolid

Datación

XII – XVIII

Por la documentación histórica conservada y la observación parte de sus restos, nos encontramos con una edificación de origen románico que ha sufrido importantes transformaciones a lo largo del tiempo. De época románica se conserva su portada norte, con características estéticas propias de finales del XII. Se trata de un cuerpo adelantado con pequeña cornisa sobre canes de decoración geométrica de líneas simples salvo uno que inscribe un aspa y otro es de lóbulos, muy al estilo de los modillones de rollos altomedievales.

Precedido de un amplio atrio sobreelevado respecto a la línea de la calle, el arco de entrada tiene tres arquivoltas lisas, apoyando las dos extremas, de medio bocel, en rechonchas columnas que descansan sobre un gran zócalo. Las del lado derecho conservan capiteles con decoración a base de palmetas planas con pomas.

Las del lado contrario han perdido casi totalmente esta misma decoración, que por otro lado es la que se repite en el citado arco que ahora se encuentra en el edificio conocido como el Palacio y que a buen seguro tuvo que ser una portada localizada en el muro meridional de este mismo edificio.

Todo el resto del templo, tras continuas reparaciones y ruinas, corresponde a una obra del XVIII que ante los graves problemas estructurales que presentaba el edificio original fue reconstruida entre 1747 y 1751 por el maestro de Cuenca de Campos Alfonso Pardo Luis. En esta obra se debió respetar la Capilla Mayor original, ya que en 1776 se levantan los muros de la actual.

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Levantada en ladrillo y tapial salvo algunos lienzos de piedra junto a la portada y la base de la torre, reaprovechada de la construcción original, presenta planta de tres naves, estructurada en 4 tramos por pilares de sección cuadrada. A los pies se sitúa una voluminosa torre de recia base de piedra y dos plantas con huecos pareados en la superior.

En el primer tramo de la Epístola se abre una sacristía y en el cuarto del Evangelio un baptisterio bajo por el apoyo del órgano que se sitúa encima. A los pies de la central y ya dentro del cuerpo de la torre se sitúa un coro alto.

Se cubre todo el espacio con aristas en la nave central y una curiosa solución de cañón con lunetos paralelos en las laterales y la Capilla Mayor, siendo más bajas las de los últimos tramos de las naves.

En las naves laterales se encuentran una serie de retablos con una estética rococó, fechados en el siglo XVIII muy decorados. En ellos se colocan esculturas que están algunas de ellas descontextualizadas al venir de otros edificios y no guardar una norma hagiográfica ordenada, procedentes de otras construcciones perdidas de Tamariz.

Destaca el retablo mayor, dedicado como es preceptivo, al patrono del edificio, San Pedro, que preside él mismo ex cátedra, bajo un relieve del martirio de Pedro, acompañado de otros santos situados en hornacinas como San Pablo y San Isidro sobre relieves de la decapitación del propio Saulo y el milagro de los bueyes respectivamente.

Abierto bajo la hornacina principal, se abre otra de menor tamaño en la que se coloca una imagen de la patrona de la población, Nuestra Señora del Castillo del XVIII apoyada en una torre.

En el banco se presentan relieves con escenas de la Última Cena y el Lavatorio. En un diseño muy dinámico y audaz del conjunto, el banco se une a la parte alta al romper los entablamentos de los cuerpos, integrando las calles hacia la disposición visual central, hasta rematar en el ático donde se representa la Santísima Trinidad.

En las calles laterales se situadas sentadas las imágenes de los cuatro Padres de la Iglesia acompañados por ángeles.

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