Ruinas de la Iglesia de San Juan Bautista

Antigua parroquial de la población, debía tener graves problemas de sustentación a principios del siglo XX, momento en el que perdió su condición de parroquia a raíz de la visita del delegado obispal en 1902.

De pequeño tamaño, este edificio levantado en tapial al pie de una magnífica torre de piedra, se estructuraba, según recoge el cronista de Cuenca de Campos, Andrés Pérez García en 1886, en tres naves y tres tramos a partir de dos parejas de pilares cilíndricos y coro alto a los pies, bajo el que se abriría el baptisterio.

Su cubierta era una armadura de madera.

Tuvo pórtico integrado en un atrio, una capilla, la del Cristo, que se levantaba en 1761 en el primer tramo del lado de la Epístola

Se mantiene en pie parte del muro de cierre de la nave norte, la del Evangelio, en el que se abre un nicho y hasta hace poco se mostraba decorado con yeserías de un frontón con unas figuras con túnica en relieve y que en la actualidad se han terminado de perder.

En esta nave se abre una elegante portada de estética renacentista de piedra fechada en la segunda mitad del XVI con una muestra evidente de estética manierista.

Muestra un arco de medio punto con sus pilastras con triple reducción, leventemente insinuado en su relieve y una ménsula volada e invertida a modo de clave,

Obra destacada

Portada – Restos Torre

Monumento

Ruinas – Iglesia

Estilo

Gótico – Renacentista
Catalogado

Propiedad

Arzobispado de Valladolid

Datación

XVI – XVIII

Antigua parroquial de la población, debía tener graves problemas de sustentación a principios del siglo XX, momento en el que perdió su condición de parroquia a raíz de la visita del delegado obispal en 1902.

De pequeño tamaño, este edificio levantado en tapial al pie de una magnífica torre de piedra, se estructuraba, según recoge el cronista de Cuenca de Campos, Andrés Pérez García en 1886, en tres naves y tres tramos a partir de dos parejas de pilares cilíndricos y coro alto a los pies, bajo el que se abriría el baptisterio.

Su cubierta era una armadura de madera.

Tuvo pórtico integrado en un atrio, una capilla, la del Cristo, que se levantaba en 1761 en el primer tramo del lado de la Epístola

Se mantiene en pie parte del muro de cierre de la nave norte, la del Evangelio, en el que se abre un nicho y hasta hace poco se mostraba decorado con yeserías de un frontón con unas figuras con túnica en relieve y que en la actualidad se han terminado de perder.

En esta nave se abre una elegante portada de estética renacentista de piedra fechada en la segunda mitad del XVI con una muestra evidente de estética manierista.

Muestra un arco de medio punto con sus pilastras con triple reducción, leventemente insinuado en su relieve y una ménsula volada e invertida a modo de clave,

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Se encuentra enmarcado por una portada totalmente clasicista de frontón moldurado que encierra en su remate una imagen de un movido Padre Eterno en actitud de bendecir con la mano derecha y la bola del mundo en la otra mano.

A los lados del frontón se colocan dos plintos en los que apoyan dos niños togados (putti) que sujetan cueros recortados en los que se inscribe la fecha de fabricación, AÑO en el de la izquierda y 1553 en el de la derecha. El conjunto apoya en dos semicolumnas acanaladas que apoyan en plintos muy desarrollados. El arquitrabe, bajo el frontón, se rompe en las columnas haciendo que sobresalga de forma exagerada, dejando el espacio recto con querubines inscritos.

En los plintos del arco, dos tondos con los relieves de la Virgen con el niño a la izquierda y San Juan Bautista a la derecha.

La obra se atribuye al palentino Miguel de Espinosa que por esa época mantenía obras abiertas en Medina de Rioseco.

Por lo que respecta a la torre, los restos que aún se mantienen, husillo interior de acceso incluido, muestra una similitud estilística, gracias a los baquetones de los huecos y los boceles de separación de los pisos, con la torre de Santa María de Mediavilla de Medina de Rioseco, fechándose en el segundo cuarto del siglo XVI

Un vistazo a la documentación histórica denota la enorme cantidad de problemas que tuvo la construcción, consecuencia de la fragilidad de la cimentación y el material empleado en su levantamiento.

Se documenta la reconstrucción de la cabecera en 1653. En 1747 se reedifica el templo y se cambia el artesonado, en 1749 el pórtico y poco después, en 1776 se reconstruía parte de la torre, que amenazaba ruina.

Definitivamente, en 1801 se decide reconstruir la iglesia totalmente.

Tuvo un primer retablo la iglesia de San Juan fechado en 1609. En 1714 se encarga uno nuevo al ensamblador Alonso de Manzano. En la escultura participó el propio Tomás de Sierra, en una importante apuesta de la población por engalanar su iglesia. En el estofado trabajaron diferentes artistas a lo largo de años sucesivos.

Este retablo fue vendido al obispado de Santander que tenía la intención de situarlo en la Capilla Mayor de la catedral, que había sufrido un pavoroso incendio. Cortado, adaptado y con la sustitución y desaparición de muchas de sus esculturas, se expone en la actualidad en el lugar principal de la seo cántabra.

Otras imágenes fueron vendidas a otras parroquias asturianas, como una Virgen del Rosario, a la iglesia de San Martín de Argüelles o el retablo del Cristo, junto al titular que presidía la capilla de su mismo nombre a la ermita del Ecce Homo de Noreña, conocido como Cristo de la Salud.

Fueron vendidos el órgano y la pila bautismal y otras obras escultóricas se trasladaron a la parroquial de San Pedro. Según testimonios actuales, otras piezas y materiales se emplearon en obras o decoración de casas particulares. En 1995 se terminó de caer parte de la torre.

En definitiva, una ruina con cierta dignidad a la que no se la augura un futuro nada prometedor viendo las circunstancias sociales actuales, pero que bien merecería algo más de atención para, al menos consolidar y salvar lo que aun se mantiene en pie, dado que conserva una calidad artística contrastada.

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