Tamariz de Campos

Tamariz de Campos se encuentra enclava en una zona de Tierra de Campos, al norte más cercano a Medina de Rioseco, que viene marcada por una serie de hechos históricos muy concretos, que terminaron por marcar unas circunstancias muy similares entre bastantes poblaciones del entorno, fundamentalmente, a partir de la alta y plena edad media cuando se fundaría la población.

En el caso de Tamariz, la presencia de restos arqueológicos romanos en sus cercanías, en torno a la ermita de Nuestra Señora del Castillo, nombre que evidencia ya un elemento fortificado y señala que fue un lugar con una importancia estratégica, bien a la hora de servir de apoyo a infraestructuras viarias o bien como refuerzo militar de dicha vía, que aún sin identificar exactamente, debería venir desde Becilla de Valderaduey (único enclave con restos identificados de dicha vía) en dirección sureste, quizá la vía 27 del Itinerario de Antonino.

Quizá el origen del poblamiento haya que ubicarlo en esta zona de la ermita de Nuestra Señora del Castillo (han aparecido restos romanos y enterramientos medievales), donde Eduardo Saavedra (Madrid, 1892) señala evidencias de un emplazamiento militar que identifica con el fuerte tomado por el caudillo árabe Muza, cuando pasó por la zona camino de Santiago de Compostela “En el año 711, Muza rindió el fuerte llamado Barú”.

A partir de aquí surgirían dos emplazamientos nuevos, que darían Villabaruz (Villa Varuz de Riuo Seco) y Tamariz. La causa de dos poblamientos tan cercanos, con un mismo origen, se debe, muy probablemente, a cuestiones forales o de propiedad y la derivación de sus nuevas condiciones jurisdiccionales en la alta edad media, en pleno proceso de repoblación.

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Edad Media

La complicada situación fronteriza de la plena edad media, entre los reinos de León y Castilla hizo que su situación fundacional buscara la elevación natural en la que se enclava actualmente la población.

Sujeta a las tensiones de la reseñada frontera e inmersa en los juegos de poder de las familias más influyentes del momento, aparece citada ya en pleno siglo XI como asentamiento estratégico militar de importancia.

Corría el año 1160 cuando ya pertenecía a la familia Lara, clan venido desde el norte en busca de ampliar su influencia en el territorio y por extensión en la corte. Su primer señor conocido fue el conde Nuño Pérez de Lara desde al menos 1172. Este influyente personaje fue el máximo representante de los enfrentamientos continuos entre las dos estirpes de los Lara y los Castro durante la regencia de Alfonso VIII.

Llegó a dirigir sus tropas contra las de los Castro en la batalla del Lobregal, que tuvo lugar en la cercana Villabrágima en 1160.

Su hijo y heredero Fernando Núñez de Lara aparece citado en el fuero de Villabaruz de 1181 (dado por Gutier Díaz), donde figuraba como señor de Tamariz y Conca (Cuenca de Campos).

A pesar del destierro de este señor de Tamariz, tras enfrentamiento con el propio Alfonso VIII, la población siguió perteneciendo a la familia Lara. Un documento depositado en la abadía de Santa María de Husillos cita la cesión de Tamariz, junto con Coca (debería ser Conca, es decir Cuenca de Campos) por parte de Orem Díaz condesa de Urgel en 1228.

Esta cesión correspondería a Aurembaix (Orem Díaz) de Urgel (1196 – 1231), hija de Armengol VIII, conde de Urgel y Elvira Núñez de Lara, de la que habría heredado Tamariz. La anulación de su matrimonio, sin descendencia, con Álvaro Pérez de Castro en ese año de 1228, al trasladarse a Urgel para reclamar sus derechos sobre el título del condado catalán, provocaría la cesión de Tamariz a Fernando Álvarez, que a pesar de que el documento de Husillos le cita como su hermano, realmente era su tío.

Toda esta situación general del territorio, con tantas tensiones familiares y personales, hicieron que la población quedara del lado de los infantes de Aragón, los Trastámara frente a Pedro I, lo que aportó cierta estabilidad a la situación del entorno.

Definitivamente, la reina Juana Manuel, esposa de Enrique II de Castilla la convierte, en parte de un señorío perteneciente a la Merindad de Campos tal y como indica el Libro de las Behetrías, lo cual nos lleva a una cierta confusión, ya que se indica que es propiedad de doña Juana y doña Blanca, que debieron ser la esposa e hija de Fernando de la Cerda, pero las fechas tan tardías, debería hacernos sospechar que se tratara de la heredad de estos personajes, que llevaban décadas fallecidas, por eso fue una provisora, Beatriz Martínez, la que firmó la cesión de Tamariz a los Enríquez.

Edad Moderna

En 1392 pasó, entonces, a formar parte de las propiedades de la familia más poderosa en ese momento en la zona, los Enríquez, de mano de Alfonso Enríquez.

La aparición de esta influyente familia permitió que, como ocurrió con otras poblaciones del entorno, viviera sus momentos de mayor esplendor a lo largo del siglo XVI.

Esta situación se mantuvo hasta que la familia cayó en declive a lo largo del XVIII y el señorío pasó a pertenecer al señorío del Conde de Benavente, tal y como indica el Catastro del marqués de la Ensenada el día 19 de enero de 1752.

PATRIMONIO ARTÍSTICO

Siguiendo la tónica de la zona, el importante patrimonio del que dispuso la población de Tamariz de Campos, fue padeciendo los envites de las situaciones económicas y poblacionales adversas.

A pesar de ello, todavía conserva un más que interesante y variado patrimonio que muestra perfectamente el devenir histórico de la población.

ARQUITECTURA CIVIL

La estructura urbana del pueblo llama la atención por la forma moderna que ha tenido para salvar el desnivel de altura del promontorio que ocupaba originalmente y que aún se mantiene ocupado.

Entre sus casas se conservan algunas blasonadas y de gran porte, reminiscencias, fundamentalmente de establecimientos con determinadas funciones fijadas a lo largo del tiempo y otras que abren ciertos elementos de polémica en su adscripción, al no quedar clara su exacta función y propiedad.

AYUNTAMIENTO

El actual edificio data de finales del XIX y como fue norma en la comarca de Tierra de Campos, debió de sustituir a otro más antiguo, pero peor dotado. Los tamaños de estas construcciones decimonónicas suelen ser grandes, dado que terminan integrando los espacios de otros recintos antiguos que habían perdido su función como la cárcel o las carnicerías, gestionadas por el Concejo.

Se ubica en el extremo norte de Tamariz, frente a una pequeña plaza y junto al camino de acceso desde el puente, lo que nos abre a la posibilidad de pensar que pudiera situarse junto al acceso natural al pueblo, donde a través de un recinto controlado, ya fuera un arco o una simple puerta, administraría el acceso a comerciantes, viajeros, etc.

Se trata de un edificio de tapial con cajas y refuerzos de ladrillo en dos plantas, estructurado a partir de un patio interior. La fachada dibuja un esquema típico de soportal distribuidor de accesos.

En la parte alta de la población se conserva una casona con dos escudos flanqueando una balconada. Muestran las enseñas de San Pedro, ya que la casa debió pertenecer a dos párrocos de San Pedro y que a su vez tuvieron una relación con la orden de San Francisco, ya que se muestran imágenes alusivas a San Antonio de Padua en uno de ellos y a San Francisco en el otro.

CORRO DE SAN ANTÓN

Elemento urbano de planta cuadrada, en el que se encuentra una fuente centralizándolo, adornada con una estatua que representa muy probablemente a Mercurio, el dios mensajero romano.

La escultura fue trasladada desde la Fuente Dorada de Valladolid tras una polémica en la ciudad por la moral de la época, representada por el “impúdico desnudo” de la figura fue llevada a Tamariz por su alcalde en 1953. Esta imagen es conocida como don Purpurino, por la pátina de pintura que se la dio en la capital vallisoletana.

En la misma plaza se ubica un edificio que siguiendo la documentación y un escudo que flanquea su portada, bien pudiera ser la llamada Casa de la Inquisición, tan presente en multitud de poblaciones de la provincia. El escudo presenta decoración mixtilínea con enseñas relacionables con la inquisición y una inscripción que alude a 1793 (AÑO DE MDCCLXXXXIII), muy probablemente la fecha de construcción del edificio.

Su fachada es recia y sencilla, a base de ladrillo y tapial, con dos alturas diferenciadas en un arco amplio de acceso en la baja y restos de una balconada en el superior que insiste en la decoración mixtilínea.

Esto se debe a que, a lo largo del tiempo, la autoridad eclesial servía como sustituto de la autoridad civil, tan escasa en momentos de crisis o mala gestión del estado.

En Tamariz hay constancia de la existencia de un hospital, otro elemento muy extendido en la zona, no olvidemos que el primer sentido de este tipo de establecimientos era el de hospitalidad para peregrinos y viajeros de escasos recursos, pasando paulatinamente a desempeñar funciones de centro asistencial médico para los más desfavorecidos.

La relación entre el nombre del corro, San Antón o San Antonio Abad (cuya orden se encargaba de hospitales de enfermos contagiosos), con la regencia y administración de hospitales para enfermos, puede llevarnos a pensar que la cofradía del mismo nombre, que llegó a tener su sede en una ermita propia construida a finales del XVI, hasta su traslado a la iglesia de San Juan, bien pudiera estar localizada en esta plaza, donde se ubicaría, quizá también, el hospital.

FUENTE

En las afueras se localiza una fuente pública que según reza en la inscripción lapidaria que conserva, se fecha en 1787, momento en el que el reinado de Carlos III impulsó diferentes obras públicas en el país.

PALACIO

El último de los elementos civiles que encontramos en Tamariz es una fachada en piedra descontextualizada fechada en el XVI. Se sitúa el monumento en una calle detrás de la cabecera de la actual parroquial de San Pedro.

Se trata de un antiguo acceso bajo arco escarzano enmarcado con moldura de bocel bajo alfiz. En las enjutas dos escudos sobre cartela tipo cuero, que muestran enseñas bajo capelo, pertenecientes a la familia Manuel (según Juan Francisco de Hita) con León rampante y mano alada con cuchillo.

Al otro lado de la calle se ubica un edificio de planta rectangular (20x15mts.), construido en tapial con refuerzos de sillar en una de sus esquinas.

Antes de iniciar la descripción de los restos y, sobre todo, de los últimos hallazgos aparecidos, embutidos en las paredes de tapial, hay que indicar que existe cierta polémica entre expertos a la hora de adscribir la auténtica función del edificio entre palacio o panera.

Conocido popularmente como el Palacio, no se tiene constancia documental sobre su construcción ni función original. En este sentido, solo se documenta como una panera, en una venta a mediados del siglo XIX por parte del duque de Osuna a un particular. En la actualidad es, afortunadamente, propiedad municipal.

Tras un acceso arquitrabado enmarcado por arquillo de ladrillo, se accede a un pequeño espacio marcado por un gran arco apuntado de piedra enmarcado por molduras de bocel apoyado en capiteles con motivos vegetales muy esquemáticos, distribuidos de manera curva en función de tres pomas abultadas.

Este arco fue colocado en una fecha posterior al resto de la construcción ya que su disposición en el paramento no es trabada sino superpuesta. Tal y como apunta algún especialista, bien pudiera ser la portada sur de acceso de la iglesia de San Pedro, trasladada hasta aquí en el proceso de reconstrucción del templo que tuvo lugar entre 1747 y 1751.

El estado de ruina del edificio provocó una intervención del ayuntamiento para su derribo, apareció entonces una antigua ventana geminada de piedra con dos arcos polilobulados, posiblemente del siglo XIV.

A medida que se ha consolidado el edificio y se han ido limpiando los muros, han aparecido restos de más ventanales y de una serie de pilares ochavados sobre los que apoyarían grandes arcos.

En este momento y ante la falta de documentación alusiva, debe pensarse en la hipótesis de que estamos ante un edificio que, puesto quizá en relación con la otra portada cercana, estaríamos ante un edificio residencial importante con una estética mudéjar, a la que no es ajena la zona, con una evolución histórica continua y que definitivamente fue convertido en panera.

PATRIMONIO RELIGIOSO

El acuciante problema de la despoblación y el envejecimiento de la población del ámbito rural no debe hacernos olvidar que, a nivel general, en el pasado los habitantes de estas zonas tenían una gran actividad de compromiso social y devocional con las poblaciones en las que vivían.

Esta premisa tenía un reflejo en las cofradías, entendidas como organizaciones fundadas en torno a una advocación religiosa y sobre todo un fin social. Se reunían en un recinto religioso o de control eclesial, ya fuera una casa de uso exclusivo para las funciones marcadas en su carta fundacional, una capilla en un templo, o una capilla o ermita, bien de nueva construcción o heredada.

Realizaban fiestas o conmemoraciones propias de las fechas señaladas en la evolución histórica de la misma cofradía o del calendario litúrgico en relación a sus santos patronos.

Tamariz no fue ajena a esta situación y llegó a tener 9 cofradías, algunas de ellas con edificio propio:

San Juan, San Pedro y San Andrés, ambas extinguidas en 1618, San Antonio Abad que llegó a tener ermita propia, construida a finales del XVI y terminó teniendo acomodo en la iglesia de San Juan.

Las otras fueron la de las Ánimas, la del Santísimo, que llegó hasta mediados del siglo XX, Santa Veracruz, ubicada en el antiguo humilladero, Santo Nombre de Jesús, Virgen del Rosario, localizada también en San Juan y la de Nuestra Señora del Castillo, la única que permanece en la actualidad, ubicada en la ermita del mismo nombre.

La falta de legislación civil propia para su regulación y la tradición o el propio funcionamiento social de poblaciones pequeñas como Tamariz, provocaba que fueran los obispados los encargados de aprobar su fundación y estatutos, controlar su funcionamiento e incluso de imponer sanciones.

Ermitas

La gran cantidad de cofradías provocaba que una parte de ellas lograran recursos suficientes como para construir un edificio propio, otras veces heredaban edificios abandonados o se hacían cargo de otros situados en parroquiales u hospitales.

De todas las ermitas que tuvo Tamariz, solo queda en pie la de Nuestra Señora del Castillo, cuya cofradía subsiste.

Se conoce por diferentes fuentes la existencia de otras como Nuestra Señora del Otero, localizada en la parte alta de la población, con edificio propio a finales del XVI y desmantelada en 1640, la de san Antonio Abad que tuvo, también, edificio propio, san Pedro Villame, identificada con un despoblado entre Tamariz y el Castillo, san Bartolomé, en el camino de Berrueces, la del Humilladero, junto al puente del mismo nombre y la de la Magdalena.

Actualidad

Actualmente Tamariz es un punto importante en el recorrido del Canal de castilla y un punto de paso del Camino de Santiago que une Madrid y Sahagún de Campos. El turismo ornitológico tiene un hito importante en Tamariz.

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