Valbuena de Duero

La repoblación de esta zona se data en las primeras décadas del siglo X. La distribución de los poblamientos tendría un carácter disperso en centros pequeños, totalmente dependientes de las actividades agrícolas.

Bajo administración de propiedad fundamentalmente real, la llegada de los monjes cistercienses en torno a mediados del siglo XII provocó una restructuración en el sistema de poblamiento.

Se abandonaron poblamientos y se concentraron en torno al desarrollo económico de los monasterios y sus fincas administradas como prioratos.

Por lo que, respecto a la población actual de Valbuena de Duero, el rastro histórico no lleva a una donación que realizó la reina doña Urraca, madre de Alfonso VII a la condesa Estefanía Armengol, nieta del Conde Ansúrez en las primeras décadas del siglo XII.

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EDAD MEDIA

La presencia de Estefanía terminó siendo mucho más evidente cuando fundó el monasterio cister de Santa María de Valbuena.

Pegada a la orilla norte del río Duero, fue desarrollándose gracias a la cercanía de un puente, destruido durante las revueltas de los comuneros de Castilla y el uso de una barca, que le aportaba una especial significación estratégica.

La inestabilidad política del territorio provocó su amurallamiento, del que aún se conserva un arco de acceso y algún resto de sus lienzos en la población.

Durante el reinado de Pedro I, a mediados del siglo XIV pertenecía al obispado de Palencia, en la jurisdicción de Cerrato, lo que ligaba su destinado a las decisiones del propio abad del Monasterio de Valbuena.

Valbuena no adquirió su independencia jurisdiccional hasta el año 1556, cuando la hija de Carlos V, la infanta doña Juana, princesa de Portugal y a la sazón gobernadora del reino por aquella época, permitió la venta de dicho derecho del monasterio a la propia villa.

A partir de ese momento la villa pasaría a estar encuadrada desde el punto operativo eclesiástico en el Arciprestazgo de Peñafiel, todavía Obispado de Palencia y en la tierra de Villafrechós para los aspectos administrativos de carácter civil.

La documentación revela que en el año 1715 pertenecía al señorío del arzobispo de Zaragoza y presidente del consejo de Castilla don Antonio Ibáñez de la Riva Herrera.

PATRIMONIO

RECINTO AMURALLADO

Visible en el arco que se apoya entre los edificios de la parroquial de Santa María del Castillo y el actual ayuntamiento, abriendo el paso a la plaza mayor, que debió ser en su momento plaza del mercado o azogue.

Recorriendo la población todavía se pueden ver parte de su lienzo repartido por algunos muros.

PATRIMONIO PERDIDO

A las tradicionales pérdidas de patrimonio mueble como lienzos, parte de la orfebrería y algunos retablos, todo ello conocido por los libros de obra y de visitas, hay que sumar la también secular pérdida de edificios que servían como ermitas dedicadas al culto de cofradías o a la devoción popular en forma de romerías y festividades conmemorativas.

Muchas de ellas ancladas a una tradición de recuerdo o devoción al ser antiguas iglesias de poblaciones abandonadas al crecer otras del entorno.

Esta situación es habitual en nuestra historia y como ya se ha comentado es más habitual cuando en las cercanías se establecía un monasterio que terminaba de absorber infraestructuras y población, como fue el caso de Santa María de Valbuena.

La galopante crisis económica y social del XVII en Castilla y el destructivo siglo XIX con la devastadora Guerra de Independencia, sus revueltas, gobiernos incapaces y desamortizaciones agresivas contra el patrimonio, fueron elementos históricos absolutamente demoledores para mucho patrimonio.

En el caso de Valbuena sabemos de construcciones hoy perdidas como la ermita de Santa Marina, la iglesia del despoblado de Mombiedro, vendida en su momento por los premostratenses de Retuerta a los bernardos de Valbuena, la iglesia del despoblado de Castrillo de Cisla o la ermita de San Quirce.

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