Valdestillas

Se suele relacionar su nombre con el de “Valle de Astillas” debido a la abundancia de pinares en su entorno. Ya en 1527 el embajador de la República de Venecia, Antonio Navagero, en una visita a la población, como parte del viaje para reunirse con la corte española la definía como “Val de Estillas”.

Su pasado tiene su evidencia más antigua en los restos tardorromanos localizados en los pagos del Olmo y del Tejar.

Romanos son también los arranques del arco central y los estribos del puente sobre el Adaja, que se encuentra en las cercanías del pueblo. El tiempo pasó factura a esta particular infraestructura, por lo que se observan importantes reformadas llevadas a acabo por Francisco de Praves en 1620. En la década de los 30 del XVIII se volvieron a realizar reformas importantes. Madoz recoge que su cuerpo central fue dinamitado por las tropas francesas después de la derrota de los Arapiles.

Se conservan escudos en fachadas de varias casas con origen en período de paso del siglo XVI al XVII. Fue ese el momento histórico más importante para Valdestillas. Situada en pleno camino entre Valladolid y la nueva capital de España, Madrid, cuando la corte de Felipe III regresó a la ciudad madrileña.

La población se hizo famosa por uno de sus mesones, que servían como posada y fue citado por literatos tan importantes como Cervantes, que pasó varias veces por uno de sus mesones, así lo recoge en sus novelas ejemplares El Coloquio de los Perros y La ilustre Fregona o Alonso Fernández de Avellaneda en su particular obra de la segunda parte de El Quijote.

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